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TRADICIONES CAMPESINAS, ORGULLO POPULAR

Por Lubia Ulloa Trujillo (AIN)  

La conservación y desarrollo de las tradiciones campesinas en Cuba significa un respaldo popular con la comunidad como escenario fundamental y protagónico que valida sus raíces y costumbres más genuinas.

Muestra de ello es la realización en áreas rurales de toda la Isla de changüíes, parrandas o guateques, torneos o competencias de bandos, altares, velorios o alumbrados y jolgorios de tambor, festejos que cuentan con el apoyo de las principales instituciones culturales nacionales y de los vecinos de cada comunidad campesina.

En el país destacan las Jornadas Cucalambeanas, con su sede central en Las Tunas, en las que se rinde homenaje al verso improvisado, y el Festival Eduardo Saborit, en Guisa, Granma, donde se reúnen agricultores para cantar décimas, establecer controversias y mostrar lo más representativo de las montañas.

También con un profundo arraigo popular, los bandos Rojo y Azul del municipio de Majagua, en la provincia de Ciego de Ávila, conservan las riquezas de añejos ritmos y atractivas historias.

Transmitidas de generación en generación, esas festividades arrastran consigo, desde la década de 1920, a todo el pueblo local mediante competencias entre dos comparsas.

Gilfredo Boan Pina, fiel exponente de la décima en el territorio avileño y habitante de ese poblado, habla del porqué estas parrandas se mantienen vivas.

En Majagua las fiestas distinguen pues son reuniones en casas de
familias para decir espinelas, acompañados del tres, claves, maracas,
güiro, marímbula, bongó, acordeón y el típico machete.  Aquí el
cantante tiene que ajustarse al ritmo de la música, por lo que se hace
difícil improvisar.  Desde 1983 se celebra allí el Festival de
parrandas, pues la zona se caracteriza por contar con cientos de
parranderos.


En cada edición intervienen más de siete grupos con una calidad
envidiable en sus interpretaciones. Ellos "cultivan" este arte de una
forma original que no procede de ningún libro, y recreando siempre
situaciones reales desde una óptica más profunda, afirma Boan.


Durante todo un año sus habitantes participan en secreto, según el
color preferido, en la búsqueda de costumbres en el campo, las rescatan
y llevan a escena durante la semana de la cultura para que se conozca
por las nuevas generaciones.  Si algo sobresale en los jolgorios de
aquí —comenta— es que no son denominadas urbanas como las de Camajuaní,
Chambas, Punta Alegre, Bejucal, entre otras, sino que muestran la
estampa viva del campesino al conjugar danza, música, teatro, artes
plásticas y literatura".   En el baile siempre predominan las
costumbres del guajiro y se aboga por reflejar en la escenografía las
palmas, arboledas, bohíos, talanqueras, pencas de guano, polleros y las
comidas criollas, preferentemente cerdo asado y fricasé de gallina.    
    Los bandos rojo y azul de este poblado utilizan los personajes
Cuba y Liborio para expresar lo legítimo del patriotismo e identidad
nacional.
   Ella, joven, de pelo largo vestida con la bandera cubana representa
a la Patria orgullosa de sus hijos, mientras él con guayabera, sombrero
campesino y machete simboliza al pueblo dispuesto siempre a dar la vida
por la tierra amada.”

RECORDANDO LOS INICIOS

   Cuentan que en los años 20 del siglo pasado llegó al poblado, Pedro
García Méndez, un hombre de buena posición social y raíces hispánicas
muy marcadas.
   A él le gustaba mucho el punto de parranda y para celebrar esos
jolgorios organizó los bailes y dividió a su familia en dos bandos. 
Por aquel entonces en Majagua jugaban pelota dos equipos todos los
domingos, representados por el azul, en el que  estaban los adinerados
y el rojo, de la gente sin fortuna, por lo que poco a poco cada quien
se fue identificando según su rango.
   Las mujeres vestían de largo con vuelos de uno u otro color, una
flor en la cabeza, abanicos, collares y pulsas confeccionadas con
semillas del monte y un pequeño bolso de tela.
   En tanto los hombres usaban guayabera, polainas, machete a la
cintura, sombrero de guano y un pañuelo anudado en el cuello.   Durante
la república mediatizada las fiestas fueron auspiciadas
por la Sociedad de Instrucción y Recreo Unión Latina con fines
económicos y aunque todos disfrutaban, solamente podían entrar al local
las personas blancas y de buena ascendencia.  En 1966 Ángel Morán,
recién graduado de instructor de arte por la Revolución naciente,
comenzó a rescatar la música y los números bailables, y restableció
esos festejos suspendidos por la tiranía de Batista.
   Para continuar con esa tradición —recuerda Morán— se fundó el
Conjunto Cabalgata Guajira, que en 1973 se transformó en XX Aniversario
del Moncada y cuyos integrantes poseen una calidad interpretativa que
los distingue.
   "Es un orgullo para mí y todos los majagüenses que escenarios
nacionales e internacionales acojan nuestros ritmos campesinos  y
bailen al compás del Zumbantorio, el Zapateo, la Karinga, el Papalote,
la Polka, el Gavilán y la Mazurca", nos dice.
   El prestigio ganado desde entonces por esta agrupación,
perteneciente al movimiento de aficionados, hizo que en 1980
reaparecieran de forma definitiva las comparsas del Rojo y el Azul.    
  La contribución de ese colectivo a la cultura sobrepasa el ámbito del
municipio, pues las danzas interpretadas por sus miembros son
utilizadas hoy como referencia en todas las escuelas de
instructores de arte en el país y forman parte del plan de estudios
superiores de esa especialidad.

LA FIESTA DE DOÑA JOAQUINA Y DON PEPE

   Mientras que el bando azul tiene como protagonista principal a Don
Pepe, representado por un guajiro alegre, chispeante y buen bailador,
los del rojo son seguidores de Doña Joaquina, mujer muy generosa, que
también gusta de parrandear.  Ambos contrincantes son promotores de una
fraternal rivalidad danzaria y musical entre vecinos, que con el paso
del tiempo se ha convertido en una vía para rescatar elementos
folclóricos.
   Lo que en otro tiempo fue una simple costumbre familiar ahora es
expresión popular en la que se unen sin distinción de raza y creencias
varias generaciones, para disfrutar al compás de esta música contagiosa
y cadenciosa de estampas campesinas cubanas.

 

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