ANAP   Fundada el 17 de mayo de 1961/ Calle I no.206 entre Línea y 13 Vedado, Plaza de la Revolución, Ciudad de la Habana, Cuba
Asociacion Nacional de Agricultores Pequeños

Quiénes Somos | Estructura | Cooperación Internacionales

 
CONGRESO CAMPESINO EN ARMAS

Por Eugenio Muñoz Ortiz

El Congreso Campesino en Armas, motor impulsor del movimiento campesino cubano, tuvo como antecedente histórico más inmediato la asamblea de cosecheros de café efectuada el día 25 de mayo de 1958 en las Vegas de Jibacoa, Sierra Maestra, convocada por el Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, compañero Fidel Castro Ruz. Al conmemorarse  el XX Aniversario de esta plenaria, el compañero Pepe Ramírez, presidente de la ANAP Nacional, puntualizó que si bien el Congreso Campesino en Armas había tenido otra fisonomía dada su estructura orgánica, la reunión de campesinos con Fidel en las Vegas de Jibacoa  podía considerarse “La madre de este Congreso”. En esta inusitada reunión alrededor de 500 personas en dialogo directo y fraterno con el Jefe de la Revolución, expusieron la situación  imperante  en la zona y las dificultades que se avizoraban  para la recolección  de la cosecha cafetalera.

El 21 de Septiembre de 1958 el poblado de Mayarí Arriba, se convertiría en escenario de un extraordinario evento, en que por las circunstancias especiales en que se efectuaba y los acuerdos en él adoptados, había de adquirir una especial relevancia en la historia del movimiento campesino en nuestro país; ese día a las once de la mañana, en el salón de baile del comerciante Juan Clavel, ubicado frente a una pequeña valla de gallos, quedó inaugurado el Congreso Campesino en Armas.

Es digno destacar el meritorio trabajo del Comité Regional Campesino, serio, profundo y organizado, que posibilito que las asambleas para la elección de los delegados al Congreso en Armas se convirtieran en verdaderos  actos de masas, lo que en muchas ocasiones, les hacía  olvidar  que estaban en guerra y más bien parecían actividades festivas producidas por el sentimiento premonitorio de la liberación. Este entusiasmo, dada la plena  identificación con el Ejército Rebelde, fue lo que hizo posible que los delegados al Congreso, incluyendo mujeres y ancianos, caminaran decenas de kilómetros, en muchos casos por caminos fangosos, bajo la lluvia, cruzando ríos crecidos y con la amenaza constante de ser bombardeados y ametrallados. Decenas de delegados de Baracoa, Maisí, de los extremos de Guantánamo, de Sagua y de Mayarí, estuvieron hasta tres días con sus noches para llegar al Congreso; muchos de ellos, que no recibieron a tiempo el aviso del cambio de lugar, fueron a pie hasta Calabaza  de Sagua y de allí a Soledad de Mayarí Arriba.

El objetivo central del Congreso fue servir como vehículo y tribuna para patentizar la plena identificación del Ejército Rebelde con los anhelos y aspiraciones de los campesinos y la firme decisión  de continuar prestando el más decidido apoyo al movimiento que se gestaba, a la vez que corroborar también, y elevar a un plano superior, el respaldo de los campesinos a las fuerzas combatientes. Este Congreso sería una victoria de la unidad de todo el campesinado laborioso y revolucionario del II Frente Oriental, y por ende, de todas las fuerzas revolucionarias en torno al Ejército Rebelde. No obstante la existencia del estado de guerra en toda la zona del II Frente, se desarrolló bajo la observación de la más pura democracia.

El trabajo organizativo desplegado fue constante, amplio y profundo; en tal sentido todos los integrantes  del Comité Regional Campesino se dieron a la tarea movilizativa de orientar a las asociaciones campesinas constituidas de la necesidad de efectuar este Congreso. Un papel de vital importancia jugaron en esta etapa los activistas del movimiento campesino en su misión de trasladar estas orientaciones a las zonas  más apartadas del amplio territorio del II Frente.

Antonio Pérez Herrero, miembro suplente del Buró Político, en el discurso pronunciado con motivo del 17 Aniversario del histórico evento, expreso: “La organización del Congreso no fue fácil; estábamos bajo la acción frecuente de los bombardeos de la aviación enemiga, incluso existía una ínfima minoría  de elementos desclasados que, respondiendo a los intereses de los terratenientes y de algunos comerciantes de la zona, realizaron  una  campaña  contra su celebración.”

A esta labor encaminada a sabotear el evento respondieron el Comité Regional Campesino y el Buró Agrario con la ejecución de un  vasto plan  de asambleas y reuniones, muchas de las cuales, al contar con la presencia del Comandante Raúl Castro, se convertían en verdaderas concentraciones, en las que se esclarecía la trascendencia  del Congreso Campesino en Armas, como factor impulsor de la unidad, el fortalecimiento y desarrollo  de un pujante movimiento  campesino,  capaz de elevar a un plano superior la ayuda que ya venía ofreciendo  el Ejército Rebelde y como garantía de que una vez alcanzado el triunfo, no serían  echados al cesto del olvido, como siempre había ocurrido con los gobiernos burgueses, los anhelos y aspiraciones del campesino trabajador.

En el quince aniversario del congreso, Raúl expresó: “El campesino pobre y el peón agrícola comprendieron bien pronto que el Ejército Rebelde era su ejército, que la Revolución era su revolución, y el hombre humilde de estas montañas compartía con el combatiente sus escasas viandas y su pobre bohío. Ingresó con  sus hijos en las filas del Ejército Rebelde, su esposa curó a los heridos, su hija lavó y cosió las raídas ropas de aquel ejército, vestido con harapos pero abanderado de una noble causa y de una decisión inquebrantable, liberar a Cuba de la opresión”.

Obreros y campesinos se dieron a la tarea de edificar, en plena guerra, escuelas y centros de asistencia médica donde “emergentes”, sanitarios y médicos rebeldes empezaron una obra educacional y asistencial que, al triunfo de la Revolución, se extendería y multiplicaría a lo largo y ancho de la isla liberada.

La presencia de 201 delegados asistentes al congreso, dada las condiciones difíciles de la guerra y la carencia de medios de transporte, habla con elocuencia del trabajo organizativo realizado, el extraordinario entusiasmo reinante entre la masa campesina y de la responsabilidad con que los delegados asumieron el mandato otorgado por sus compañeros. La importancia concedida a este congreso por la Comandancia rebelde lo evidencia el hecho de haber estado presidido por el comandante jefe del Frente, co. Raúl Castro Ruz. Junto al jefe guerrillero integraban la presidencia del histórico evento los miembros del Comité Regional Campesino, encabezado por su presidente el co. Pepe Ramírez; el jefe del Buró Agrario cap. José Serguera Riverí y un numeroso grupo de miembros del Estado Mayor y jefes de departamentos adscriptos a la comandancia, entre ellos, los comandantes Carlos Jiménez Fonseca, Reynerio Jiménez y Léster Rodríguez, los capitanes Antonio Pérez Herrero y Augusto Martínez Sánchez, el teniente José Cuza y la co. Vilma Espín.

 El congreso fue un evento lleno de colorido, caracterizado por la sana alegría y combatividad revolucionaria de los participantes. En él se realizó un profundo avance de la crítica situación política, económica y social que padecía la nación y particularmente, el campesinado; constituyó una vibrante denuncia de nuestra dependencia económica del imperialismo yanqui, la monopolización de nuestra principal riqueza y los medios fundamentales de producción, planteó crudamente la terrible situación de miseria y desamparo a que se sometía a la población de las zonas montañosas, abogó por el fortalecimiento de la alianza obrera y campesina, precisó la lucha por las demandas, reunificaciones de ambos sectores, la implantación de una genuina reforma agraria, el derecho a la posesión de la tierra por quien la trabaja y la culminación victoriosa del proceso insurreccional.

 Se hace necesario señalar la valiosa contribución ofrecida, tanto en la redacción del informe como en la elaboración de la Declaración de principios y el Reglamento general aprobado en el congreso por el prestigioso dirigente campesino (fundador de la Asociación Nacional Campesina de Cuba) Romárico Cordero quien, además, había tenido una participación activa en las labores preparatorias del evento. Refiriéndose a esto en el aniversario 15 de este congreso, Raúl expresó: “Romárico Cordero dio sus mejores esfuerzos y libró sus últimos combates, en los años de su vejez, junto a nosotros en estas montañas, y su experiencia de veterano luchador en la preparación del Congreso Campesino en Armas y en la preparación y movilización del campesinado en esta región”.

 Durante las intervenciones y exposiciones de los hombres y mujeres allí reunidos, pudo contactarse que el campesinado expresó libremente sus ideas, sin perjuicios, sin temor; allí denunciaron por su nombre a los testaferros que asediaban el pedazo de pan de sus hijos, a los latifundistas y propietarios de tierras que amenazaban constantemente con desalojarlos, las extorsiones de que eran víctimas por los garroteros, la carencia de precios fijos a sus cosechas, los abusos, atracos y la especulación que se habían extendido sin piedad por toda aquella región; denunciaban los rejuegos de las asociaciones colegiadas de cafetaleros, colonos, cosecheros de papa y otros, carentes del respaldo de la masa campesina, cuyo único objetivo era impedir la unidad del movimiento campesino; denunciaron también la inexistencia de casas de socorro, hospitales y asistencia médica en los campos, la falta de caminos para facilitar la transportación de sus productos, la carente política de créditos; plantearon la necesidad de construcción se escuelas, así como también se hicieron otras demandas económicas y sociales.

 Inovidable para todos los presentes los momentos del anuncio de que el Comandante, jefe del Segundo Frente Oriental “Frank País”, Raúl Castro Ruz, tendría a su cargo las conclusiones de este congreso. Visiblemente emocionado y ante un absoluto silencio, el joven dirigente revolucionario, sobre cuyos hombros descansaba una tremenda responsabilidad política y militar como jefe de aquellas tierras liberadas de la tiranía, escribía una página más en la historia de nuestro país, comenzando su vibrante discurso improvisado con palabras emocionantes: “Hoy 21 de septiembre de 1958, ha sido y será por mucho tiempo un día memorable para ustedes, para nosotros, para la Revolución Cubana”... “Jamás, desde que Cuba es Cuba, jamás, repito, habíamos presenciado un congreso campesino, un congreso de campesinos revolucionarios en medio de una guerra..." A las 10 y 45 minutos de la noche, agotada la orden del día, con el esclarecedor discurso pronunciado por Raúl concluyó sus labores el Congreso Campesino en Armas.

 Entre los logros obtenidos figuran el triunfo de la unidad y las posiciones más revolucionarias del campesinado, elevó a un plano superior los vínculos y la cooperación de los campesinos y la población rural con los mandos y combatientes del Ejército Rebelde, impulsó el trabajo de fortalecimiento y desarrollo del movimiento campesino en el territorio liberado con influencias en las zonas colindantes, se proyectó por el desarrollo del movimiento juvenil y femenino, elaboró un plan concreto de reivindicaciones que llevarían a la realización de una verdadera reforma agraria.

 Apenas transcurridos veinte días de aquel acto, el Comandante en Jefe Fidel Castro, firmaba en la Sierra Maestra, el 10 de octubre, en el aniversario 80 del Grito de Yara y como homenaje a la gloriosa efeméride, la Ley No. 3 sobre el derecho de los campesinos a la tierra, puesta en vigor de inmediato en todos los territorios liberados, como firme muestra de que lo planteado por las masas campesinas representadas en el Congreso era ya una realidad, que se erigió en antecedente a la firma, en 1959, una vez obtenido el triunfo revolucionario, de la 1ra. Ley de Reforma Agraria.

 

©2006 ANAP