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CONGRESO CAMPESINO EN ARMAS
Por
Eugenio Muñoz Ortiz
El
Congreso Campesino en Armas, motor
impulsor del movimiento campesino
cubano, tuvo como antecedente histórico
más inmediato la asamblea de cosecheros
de café efectuada el día 25 de mayo de
1958 en las Vegas de Jibacoa, Sierra
Maestra, convocada por el Comandante en
Jefe del Ejército Rebelde, compañero
Fidel Castro Ruz. Al conmemorarse el XX
Aniversario de esta plenaria, el
compañero Pepe Ramírez, presidente de la
ANAP Nacional, puntualizó que si bien el
Congreso Campesino en Armas había tenido
otra fisonomía dada su estructura
orgánica, la reunión de campesinos con
Fidel en las Vegas de Jibacoa podía
considerarse “La madre de este
Congreso”. En esta inusitada reunión
alrededor de 500 personas en dialogo
directo y fraterno con el Jefe de la
Revolución, expusieron la situación
imperante en la zona y las dificultades
que se avizoraban para la recolección
de la cosecha cafetalera.
El 21 de Septiembre
de 1958 el poblado de Mayarí Arriba, se
convertiría en escenario de un
extraordinario evento, en que por las
circunstancias especiales en que se
efectuaba y los acuerdos en él
adoptados, había de adquirir una
especial relevancia en la historia del
movimiento campesino en nuestro país;
ese día a las once de la mañana, en el
salón de baile del comerciante Juan
Clavel, ubicado frente a una pequeña
valla de gallos, quedó inaugurado el
Congreso Campesino en Armas.
Es digno destacar el
meritorio trabajo del Comité Regional
Campesino, serio, profundo y organizado,
que posibilito que las asambleas para la
elección de los delegados al Congreso en
Armas se convirtieran en verdaderos
actos de masas, lo que en muchas
ocasiones, les hacía olvidar que
estaban en guerra y más bien parecían
actividades festivas producidas por el
sentimiento premonitorio de la
liberación. Este entusiasmo, dada la
plena identificación con el Ejército
Rebelde, fue lo que hizo posible que los
delegados al Congreso, incluyendo
mujeres y ancianos, caminaran decenas de
kilómetros, en muchos casos por caminos
fangosos, bajo la lluvia, cruzando ríos
crecidos y con la amenaza constante de
ser bombardeados y ametrallados. Decenas
de delegados de Baracoa, Maisí, de los
extremos de Guantánamo, de Sagua y de
Mayarí, estuvieron hasta tres días con
sus noches para llegar al Congreso;
muchos de ellos, que no recibieron a
tiempo el aviso del cambio de lugar,
fueron a pie hasta Calabaza de Sagua y
de allí a Soledad de Mayarí Arriba.
El objetivo central
del Congreso fue servir como vehículo y
tribuna para patentizar la plena
identificación del Ejército Rebelde con
los anhelos y aspiraciones de los
campesinos y la firme decisión de
continuar prestando el más decidido
apoyo al movimiento que se gestaba, a la
vez que corroborar también, y elevar a
un plano superior, el respaldo de los
campesinos a las fuerzas combatientes.
Este Congreso sería una victoria de la
unidad de todo el campesinado laborioso
y revolucionario del II Frente Oriental,
y por ende, de todas las fuerzas
revolucionarias en torno al Ejército
Rebelde. No obstante la existencia del
estado de guerra en toda la zona del II
Frente, se desarrolló bajo la
observación de la más pura democracia.
El trabajo
organizativo desplegado fue constante,
amplio y profundo; en tal sentido todos
los integrantes del Comité Regional
Campesino se dieron a la tarea
movilizativa de orientar a las
asociaciones campesinas constituidas de
la necesidad de efectuar este Congreso.
Un papel de vital importancia jugaron en
esta etapa los activistas del movimiento
campesino en su misión de trasladar
estas orientaciones a las zonas más
apartadas del amplio territorio del II
Frente.
Antonio Pérez
Herrero, miembro suplente del Buró
Político, en el discurso pronunciado con
motivo del 17 Aniversario del histórico
evento, expreso: “La organización del
Congreso no fue fácil; estábamos bajo la
acción frecuente de los bombardeos de la
aviación enemiga, incluso existía una
ínfima minoría de elementos desclasados
que, respondiendo a los intereses de los
terratenientes y de algunos comerciantes
de la zona, realizaron una campaña
contra su celebración.”
A esta labor
encaminada a sabotear el evento
respondieron el Comité Regional
Campesino y el Buró Agrario con la
ejecución de un vasto plan de
asambleas y reuniones, muchas de las
cuales, al contar con la presencia del
Comandante Raúl Castro, se convertían en
verdaderas concentraciones, en las que
se esclarecía la trascendencia del
Congreso Campesino en Armas, como factor
impulsor de la unidad, el
fortalecimiento y desarrollo de un
pujante movimiento campesino, capaz de
elevar a un plano superior la ayuda que
ya venía ofreciendo el Ejército Rebelde
y como garantía de que una vez alcanzado
el triunfo, no serían echados al cesto
del olvido, como siempre había ocurrido
con los gobiernos burgueses, los anhelos
y aspiraciones del campesino trabajador.
En el quince
aniversario del congreso, Raúl expresó:
“El campesino pobre y el peón agrícola
comprendieron bien pronto que el
Ejército Rebelde era su ejército, que la
Revolución era su revolución, y el
hombre humilde de estas montañas
compartía con el combatiente sus escasas
viandas y su pobre bohío. Ingresó con
sus hijos en las filas del Ejército
Rebelde, su esposa curó a los heridos,
su hija lavó y cosió las raídas ropas de
aquel ejército, vestido con harapos pero
abanderado de una noble causa y de una
decisión inquebrantable, liberar a Cuba
de la opresión”.
Obreros y campesinos
se dieron a la tarea de edificar, en
plena guerra, escuelas y centros de
asistencia médica donde “emergentes”,
sanitarios y médicos rebeldes empezaron
una obra educacional y asistencial que,
al triunfo de la Revolución, se
extendería y multiplicaría a lo largo y
ancho de la isla liberada.
La presencia de 201
delegados asistentes al congreso, dada
las condiciones difíciles de la guerra y
la carencia de medios de transporte,
habla con elocuencia del trabajo
organizativo realizado, el
extraordinario entusiasmo reinante entre
la masa campesina y de la
responsabilidad con que los delegados
asumieron el mandato otorgado por sus
compañeros. La importancia concedida a
este congreso por la Comandancia rebelde
lo evidencia el hecho de haber estado
presidido por el comandante jefe del
Frente, co. Raúl Castro Ruz. Junto al
jefe guerrillero integraban la
presidencia del histórico evento los
miembros del Comité Regional Campesino,
encabezado por su presidente el co. Pepe
Ramírez; el jefe del Buró Agrario cap.
José Serguera Riverí y un numeroso grupo
de miembros del Estado Mayor y jefes de
departamentos adscriptos a la
comandancia, entre ellos, los
comandantes Carlos Jiménez Fonseca,
Reynerio Jiménez y Léster Rodríguez, los
capitanes Antonio Pérez Herrero y
Augusto Martínez Sánchez, el teniente
José Cuza y la co. Vilma Espín.
El congreso fue un
evento lleno de colorido, caracterizado
por la sana alegría y combatividad
revolucionaria de los participantes. En
él se realizó un profundo avance de la
crítica situación política, económica y
social que padecía la nación y
particularmente, el campesinado;
constituyó una vibrante denuncia de
nuestra dependencia económica del
imperialismo yanqui, la monopolización
de nuestra principal riqueza y los
medios fundamentales de producción,
planteó crudamente la terrible situación
de miseria y desamparo a que se sometía
a la población de las zonas montañosas,
abogó por el fortalecimiento de la
alianza obrera y campesina, precisó la
lucha por las demandas, reunificaciones
de ambos sectores, la implantación de
una genuina reforma agraria, el derecho
a la posesión de la tierra por quien la
trabaja y la culminación victoriosa del
proceso insurreccional.
Se hace necesario
señalar la valiosa contribución
ofrecida, tanto en la redacción del
informe como en la elaboración de la
Declaración de principios y el
Reglamento general aprobado en el
congreso por el prestigioso dirigente
campesino (fundador de la Asociación
Nacional Campesina de Cuba) Romárico
Cordero quien, además, había tenido una
participación activa en las labores
preparatorias del evento. Refiriéndose a
esto en el aniversario 15 de este
congreso, Raúl expresó: “Romárico
Cordero dio sus mejores esfuerzos y
libró sus últimos combates, en los años
de su vejez, junto a nosotros en estas
montañas, y su experiencia de veterano
luchador en la preparación del Congreso
Campesino en Armas y en la preparación y
movilización del campesinado en esta
región”.
Durante las
intervenciones y exposiciones de los
hombres y mujeres allí reunidos, pudo
contactarse que el campesinado expresó
libremente sus ideas, sin perjuicios,
sin temor; allí denunciaron por su
nombre a los testaferros que asediaban
el pedazo de pan de sus hijos, a los
latifundistas y propietarios de tierras
que amenazaban constantemente con
desalojarlos, las extorsiones de que
eran víctimas por los garroteros, la
carencia de precios fijos a sus
cosechas, los abusos, atracos y la
especulación que se habían extendido sin
piedad por toda aquella región;
denunciaban los rejuegos de las
asociaciones colegiadas de cafetaleros,
colonos, cosecheros de papa y otros,
carentes del respaldo de la masa
campesina, cuyo único objetivo era
impedir la unidad del movimiento
campesino; denunciaron también la
inexistencia de casas de socorro,
hospitales y asistencia médica en los
campos, la falta de caminos para
facilitar la transportación de sus
productos, la carente política de
créditos; plantearon la necesidad de
construcción se escuelas, así como
también se hicieron otras demandas
económicas y sociales.
Inovidable para todos
los presentes los momentos del anuncio
de que el Comandante, jefe del Segundo
Frente Oriental “Frank País”, Raúl
Castro Ruz, tendría a su cargo las
conclusiones de este congreso.
Visiblemente emocionado y ante un
absoluto silencio, el joven dirigente
revolucionario, sobre cuyos hombros
descansaba una tremenda responsabilidad
política y militar como jefe de aquellas
tierras liberadas de la tiranía,
escribía una página más en la historia
de nuestro país, comenzando su vibrante
discurso improvisado con palabras
emocionantes: “Hoy 21 de septiembre de
1958, ha sido y será por mucho tiempo un
día memorable para ustedes, para
nosotros, para la Revolución Cubana”...
“Jamás, desde que Cuba es Cuba, jamás,
repito, habíamos presenciado un congreso
campesino, un congreso de campesinos
revolucionarios en medio de una
guerra..." A las 10 y 45 minutos de la
noche, agotada la orden del día, con el
esclarecedor discurso pronunciado por
Raúl concluyó sus labores el Congreso
Campesino en Armas.
Entre los logros
obtenidos figuran el triunfo de la
unidad y las posiciones más
revolucionarias del campesinado, elevó a
un plano superior los vínculos y la
cooperación de los campesinos y la
población rural con los mandos y
combatientes del Ejército Rebelde,
impulsó el trabajo de fortalecimiento y
desarrollo del movimiento campesino en
el territorio liberado con influencias
en las zonas colindantes, se proyectó
por el desarrollo del movimiento juvenil
y femenino, elaboró un plan concreto de
reivindicaciones que llevarían a la
realización de una verdadera reforma
agraria.
Apenas transcurridos
veinte días de aquel acto, el Comandante
en Jefe Fidel Castro, firmaba en la
Sierra Maestra, el 10 de octubre, en el
aniversario 80 del Grito de Yara y como
homenaje a la gloriosa efeméride, la Ley
No. 3 sobre el derecho de los campesinos
a la tierra, puesta en vigor de
inmediato en todos los territorios
liberados, como firme muestra de que lo
planteado por las masas campesinas
representadas en el Congreso era ya una
realidad, que se erigió en antecedente a
la firma, en 1959, una vez obtenido el
triunfo revolucionario, de la 1ra. Ley
de Reforma Agraria.
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